El uso de drones para la realización audiovisual (parte 1)

Dron Phantom planos aéreos

El uso de drones para la realización audiovisual (parte 1)

Algunas nociones básicas

Desde que los drones se popularizaron parece que hemos entrado en una fiebre desmedida por utilizar estos aparatos para grabar en cualquier circunstancia. Algo que en parte nos enorgullece al pensar que hemos podido aportar nuestro pequeño granito de arena, pero…

¿Son los drones la mejor solución ante cualquier circunstancia?

Pensar que sí sería como afirmar que hay un tipo de coche, por ejemplo, que es el mejor para absolutamente todo. Obviamente un deportivo no es la mejor opción para ir campo a través, y un coche compacto puede ser más versátil que un todoterreno a la hora de circular y aparcar por la ciudad.

De la misma manera hemos de considerar que el objetivo de los profesionales del audiovisual es muy sencillo: contar cosas. Ya sea una historia narrativa, una noticia, un publirreportaje, un videoclip… Y para contar estas cosas nuestra herramienta son los planos.

Puede parecer un concepto muy básico, pero muy a menudo la gente muestra cierta confusión respecto a la nomenclatura de ciertos componentes del lenguaje audiovisual. Tomemos como ejemplo una película para desgranar los elementos que la forman.

El núcleo de todo, el elemento más básico y más pequeño es el fotograma o frame; que es lo que vemos cuando pausamos la película y vemos una imagen fija, una fotografía. Análogamente podríamos decir que un fotograma es a la película lo que una letra es a un texto entero.

Igual que varias letras agrupadas forman palabras, cuando juntas varios frames da lugar a un plano, que es todo lo que vemos entre corte y corte. No debemos confundir plano con toma, ya que una toma es todo lo que la cámara graba desde que se presiona el botón rec hasta que se detiene la grabación. La toma es, por así decirlo, la materia prima a partir de la que se edita el plano que vemos en pantalla, y para lograr un plano puede ser necesario grabar varias tomas.

Aclarado el concepto plano, seguimos: todos los planos que se suceden consecutivamente manteniendo la coherencia de tiempo y de lugar forman una escena. Por ejemplo: nuestra protagonista discute con su pareja en el salón de su casa por la noche. Todos los planos que lo componen forman parte de esa escena.

Uno de los problemas del concepto de escena es que narrativamente no tiene mucho sentido hablar de escenas. ¿Por qué? Porque si en medio de la discusión la protagonista va al baño a aclararse la cara para despejarse antes de seguir con la discusión, entonces la escena del salón termina y tenemos una nueva escena en el baño, aunque narrativamente lo lógico sería pensar que sigue siendo la misma escena porque sigue formando parte del mismo todo, que es la discusión.

Esto tiene un por qué, y es que aunque para el espectador este cambio de escena sea muy sutil (al fin y al cabo está pasando la misma cosa) a la hora de grabarlo implica cambiar de localización, decorado, maquillaje… Y para facilitar las tareas de producción la industria ha concluido que cada cambio de decorado o localización ha de venir dividido en el guion (escrito) con su propio encabezado, dando lugar a lo que entendemos por escenas.

En realidad estas secuencias de escenas con una misma unidad dramática se llaman, precisamente, secuencias, y siguiendo con nuestra comparación serían los párrafos de nuestro texto.

¿Por qué la parrafada? Para empezar, porque un poco de cultura general nunca viene mal, además de que ahora no le dirás a tu cuñado el cámara que una toma del clásico de turno te parece espectacular cuando en verdad querías decir plano, ahorrándote que él mismo te dé la charla que acabas de leer.

Ahora en serio, también era importante desgranar estos conceptos a la hora de entender qué se puede (o debe) hacer con un dron. No quiero con estos consejos desalentar a nadie. En el audiovisual, en el cine y en el arte se enseñan técnicas, métodos y normas inviolables que sirven como marco con el que trabajar. Costumbres y trucos que se ha demostrado que tienden a funcionar, por así decirlo. Sin embargo transgredirlos no es necesariamente malo, no conlleva necesariamente un fracaso. Sólo rompiendo las normas se ha llegado a evolucionar hasta el lenguaje audiovisual con el que nos entendemos ahora. ¡Qué diantres! Si no nos atreviéramos a romper las normas nunca se nos habría ocurrido acoplar una cámara a un cacharro y ponerla a volar, y si nunca nos saltáramos las reglas ni el cine ni el arte existirían.

Todo esto no quita que sea muy útil conocer muy bien las normas –lo que funciona- para saber con fundamento cuándo vale la pena saltárselas.

Aclarados estos conceptos y aclarado que no todo vale para todo, en nuestra próxima actualización del blog entraremos en materia sobre, ahora sí, qué tipos de planos recomendamos grabar con dron y por qué.

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